Nosotros
La historia ad astra
Adastram no es un nombre que salió de una agencia. Viene del latín ad astra: hacia las estrellas. Todo lo demás —lo que escogemos, cómo cobramos, la frase que cambia a las 11:11— sale de ahí.
El nombre
Dos latinos y una misma idea
«Sic itur ad astra», escribió Virgilio hace más de dos mil años: así se va a las estrellas. En la misma Eneida dejó otra línea que nos gusta todavía más, «opta ardua pennis astra sequi» — atrévete a seguir las estrellas con alas propias. No era una frase bonita para colgar en la pared: se la decían a alguien que estaba a punto de hacer algo difícil.
Séneca, más seco, puso la condición por escrito.
Non est ad astra mollis e terris via.
No hay camino fácil de la tierra a las estrellas.
De esas dos ideas juntas nació el lema que se sigue repitiendo hoy: per aspera ad astra, a las estrellas a través de las dificultades. Adastram es esa frase comprimida en una palabra.
Por qué aquí
Un país que igual mira arriba
La parte de per aspera en Venezuela no hay que explicarla. Comprar, vender, cobrar, mandar un paquete a otro estado: todo cuesta más trabajo del que debería. Y aun así la gente sale arreglada. Se estrena para un cumpleaños, se busca el perfume exacto, se cuida la cartera que costó meses. Esa terquedad de mirar hacia arriba con el terreno en contra es, tal cual, lo que dice el nombre de la tienda.
Por eso no vendemos ropa para escaparse del país: la vendemos para el país. Para el lunes, para la fiesta del sábado, para la entrevista, para el día en que decides que te vas a ver bien porque te da la gana.
El ritual
La frase de las 11:11
Hay una costumbre que no pensamos quitar. Dos veces al día, a las 11:11 de la mañana y a las 11:11 de la noche —hora de Venezuela—, cambia la frase en la portada. Son más de trescientas sesenta: algunas son de Virgilio o de Séneca, otras de Van Gogh o de Wilde, y otras las escribimos nosotros para quien nos compra.
Nadie está obligado a pedir un deseo. Pero si a las 11:11 te acordaste de mirar, hay una esperándote.
Quiénes
Dos personas, no un call center
Somos una pareja venezolana: salimos de La Guaira y hoy operamos desde Caracas, donde entregamos en mano. Entre los dos escogemos lo que entra al catálogo, respondemos los mensajes, empacamos y despachamos. No hay un galpón enorme ni un equipo de atención detrás: cuando escribes por WhatsApp, del otro lado hay una de las dos personas que hacen todo esto.
Qué hacemos
Ropa, carteras, perfumes y accesorios
El catálogo lo armamos pieza por pieza, con lo que nos pondríamos nosotros. Pagas en bolívares a la tasa BCV del día, con Pago Móvil o C2P, desde tu propio banco. Y enviamos a toda Venezuela por MRW, Zoom y Tealca: del mar, que es donde estamos, a donde estés.
Si es tu primera compra con nosotros, en las guías está explicado sin letra chiquita cómo se paga, cómo acertar la talla y cómo funciona el envío a tu ciudad.
Ad astra no promete que sea fácil —Séneca ya avisó que no—. Promete la dirección.